Orde Dei: (perdedores anónimos) por Carmelo Anaya

Orde Dei: (perdedores anónimos) por Carmelo Anaya

Titulo del libro: Orde Dei: (perdedores anónimos)

Autor: Carmelo Anaya

Número de páginas: 272 páginas

Fecha de lanzamiento: December 3, 2016

Carmelo Anaya con Orde Dei: (perdedores anónimos)

Orde Dei: (perdedores anónimos) por Carmelo Anaya fue vendido por £2.41 cada copia. Contiene 272 el número de páginas.. Regístrese ahora para tener acceso a miles de libros disponibles para su descarga gratuita. El registro fue libre.

Un hombre ha perdido la fe. Hasta el descalabro, nada más hay un paso. Sólo tenía dos opciones: hacer humildemente el bien o hacer humildemente el mal. Optó por las dos. Pero el mal es mucho más poderoso. El mal es biológico, primario, elemental.

El protagonista de Ordo dei, (perdedores anónimos), es el inspector Marcano, un hombre bueno convencido de que vive en el mejor de los mundos posibles, hasta que la realidad destroza sus esperanzas.

Son tiempos de crisis, no sólo económica: espiritual, ética, estética, el mundo se derrumba alrededor de quienes mantienen un espíritu limpio. En tal situación, defender la ley sin chocar contra la propia conciencia es muy difícil.

El mundo parecía ir hacia mejor, pero cada vez aparecen más perdedores, tanto que la ciudad no se atemoriza ante el espectáculo de los comercio asaltados, del cementerio en llamas, de los vídeos insoportables en la web del ayuntamiento, sino que lo toma como un espectáculo más en un mundo que zozobra.

Nos falta amor, somos mendigos de afecto, de una caricia, de un minuto de atención. No sólo hay pobreza y desempleo, hay muchas otras miserias: luchar para vivir y no tener fuerzas, no ser querido ni por los propios hijos, ser feo, o viejo, vivir para comer, dormir y trabajar, no creer en nada, querer perderse, querer morir, querer pegarle fuego al mundo, tenerlo todo y no ser nada.

En Ordo dei el inspector Marcano debe descubrir al responsable de unos hechos delictivos contra el orden establecido que parecen encadenados, pero ¿sería ético hacerlo?